Le Frigó

    Bueno, fui a ver Le Frigó... soledad, tristeza. ¿Qué veo cuando nadie me ve? No, juro que no pensé en Alejandro Sanz. ¿Quién soy en mis soledades? ¿Es una o son varias? Mucha gente se reía y yo tenía tristeza, sabe. El personaje me daba ternura y tristeza. Una parte de mí habitaba en el escenario. Me preguntaba qué me pasaría a mí si yo fuera ese personaje. Bueno, no quiero decir mucho más porque usted querrá ir a verla. Ya me dijo que no la vio, lo recuerdo. Además, ¿sabe qué? Por un instante sentí una gran alegría por la locura. Pensé en el autor, Copi, a quien me puse a investigar. Un adelantado el tipo. La de rechazos e insultos que se habrá comido. O no, qué sé yo. Pensé en mis rechazos también. Los que recibí y los que di que son menos o así yo los recuerdo. Ahh recordar, del latín re cordis que significa volver a pasar por el corazón. ¿Mi locura, dice? Esa es una gran pregunta para la que en este momento no tengo respuesta. Locura, soledad y estar fuera de la norma. De lo esperable me gusta más. ¿Si yo estoy en esa franja? No lo sé. La versatilidad del actor es formidable… no, yo no soy versátil. Es interesante cómo una obra de teatro puede hacer tantas preguntas en el sí mismo. Bueno, si se dejaaaa claro. Digo, si dejamos que ese apagón del inicio del que le hablé ilumine algo dentro nuestro. Como una partera que ayuda a dar a luz. ¿Mi madre? Ay no, otra vez con mi madre. Mire, mi madre no sé qué hubiera opinado de esta obra. Mi madre, mi madre... quería estudiar piano y danzas y su madre, o sea mi abuela, la mandó a cocina y corte y confección. Algo así como una versatilidad del carajo. En la obra hay una madre pero no quiero contar nada de eso. Vaya a verla y vea con sus propios ojos. Bueno, seguimos en la próxima, sí. 




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